KELEMBUCRACIA

 

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(Publicado el domingo 10 de febrero de 2019 en el diario Ultima Hora)

Lo peor que le puede pasar a una democracia es caer por el descrédito de sus mismos operadores políticos. El sistema tiene que ser capaz de depurarse de aquellos que la degradan, insultan y menoscaban y debe hacerlo por su propia supervivencia. Tolerar a los payasos es la antesala del fin de este sistema político cuyo riñón debe ser protegido y fortalecido para que haga la labor de diálisis. Esta semana hemos tenido muestras claras de cómo un Estado puede suicidarse cuando no corrige sus excesos ni fortalece sus instituciones.

Un payaso se autoproclamó intendente de Ciudad del Este y desató la indignación primero de sus pobladores y luego de un país que observó aquello como síntoma inequívoco de algo que anda muy mal. Se cuestionó primero como accedió al cargo, quienes los votaron y la relación entre su osadía y la tolerancia de algunos. Afortunadamente la cámara de diputados pudo cortar sus largas vacaciones y echar a la intendenta acusada de corrupción y dejar al payaso hablando pavadas que es lo que finalmente sabe hacer. La gran pregunta es si los alto paranaenses habrán aprendido la lección y podrán mejorar su capacidad de elección o se reiteraran en el error de elegir a los peores como ha sido su tendencia histórica. Tienen una cita el 5 de mayo próximo y veremos cuanto aprendieron la lección del costo de elegir a kelembuses.

La otra parada importante fue el caso Arrom-Marti que llegó a la Corte interamericana de derechos humanos luego de pasar el filtro de la comisión respectiva. Un sorprendido juez chileno cuestionó porqué el caso había llegado hasta ese lugar cuando las instancias no habían sido agotadas en el Paraguay. El caso tiene fallo exculpatorio a los acusados por la pareja de prófugos en el Brasil. Podían haber apelado y llegado incluso a la Corte. No lo hicieron y demandaron. La gran pregunta es: ¿cómo nadie en el Estado paraguayo se enteró del caso que se venía?. La cancillería ni sus embajadores en la OEA y Costa Rica no olieron el pleito y, no hicieron nada para evitarlo?. Claramente se fracasó en evitar el juicio que amenaza con el resarcimiento “simbólico” de 50 millones de dólares a uno de los demadantes.

El sistema judicial paraguayo tampoco investigó ni sancionó a los que supuestamente fueron parte de la “mejicaneada” . Creyeron que era suficiente con exculpar a los sospechosos y el caso se acababa. Los delitos de tortura son imprescriptibles y los Estados signatarios del Pacto de San José deberían saberlo. Pero a los nuestros no les importa esto hasta que el caso llega a instancias donde hasta el propio presidente es forzado a viajar y hacer lobby para evitar la condena.

La kelembucracia es esto. No hacer lo que se debe en tiempo y modo, no elegir a los mejores para defender al país, pasarse por encima constituciones, leyes y convenios, no castigar a los delincuentes y elegir a los peores. Los únicos que disfrutan de esta decadencia son los nostálgicos de la dictadura quienes afirman que todo eso no acontecía bajo Stroessner que era un verdadero kelembú solo que nadie podía decirlo y él que nos dejó los funcionarios y algunos votantes que hoy gestionan esta República.-

 

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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