PRESIONES

 

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(Publicado el viernes 1 de febrero de 2019 en el diario El Universo)

La democracia es un sistema político sostenido en la permanente presión social. Los partidos, los grupos de interés, las corporaciones, los sindicatos, la comunidad o bancos internacionales y hoy: el ciudadano, cada vez mas activo en las poderosas redes sociales. Todos estos actúan como un sistema de pesas y contrapesas donde lo que importa es que se cumplan las normas y los mandatarios respeten los mandatos. Cuando alguien decide perseguir a sus críticos, encarcelarlos y matarlos de hambre ciertamente el interés colectivo da paso a un sector que con el poder de la fuerza impone su voluntad.

Lo que tenemos hoy en América latina en el caso de Nicaragua, Cuba o Venezuela es que estos gobiernos se han rebelado a la voluntad popular y reprimen a todo grupo o personas que los critiquen y cuestionen. No se quedan solo en eso, también los matan en cantidades. En ese estado de cosas no se puede afirmar que el pueblo ha escogido a sus verdugos y que disfruta con lo que acontece. Por el contrario, los que se rebelan contra los usurpadores reciben apoyo local e internacional para liberarse del yugo que los sojuzga. El argumento que cada pueblo tiene que sufrir las consecuencias de su mal proceder llevaría a dejar padecer al pueblo alemán las locuras de Hitler porque el mismo fue electo en comicios.  El mandato puede acabar cuando sea porque el mandatario ha desoído a sus mandantes. El llamado a una convocatoria a comicios en Venezuela o Nicaragua no quieren los detentadores del poder porque saben perfectamente los resultados adversos que se vienen. Miden con claridad el termómetro de la calle y ven a miles de manifestantes descontentos con el régimen. En el afán de mantenerse en el poder inventan expresiones como convocar a un diálogo cuyo final es absolutamente previsible y el motivo solo se reduce a ganar tiempo para consolidarse en el poder. En esta trampa vienen cayendo desde hace un buen tiempo actores políticos internacionales que alquilaron su desgastado prestigio para conversaciones bizantinas totalmente intrascendentes. En esos países sus gobiernos asumen su condiciones de dictaduras y el único problema que tienen es con los ingenuos demócratas que creen que no lo son y conversan o participan en comicios absolutamente amañados.

América latina tiene suficiente historia como para detectar con claridad un gobierno democrático de aquel que no lo es. Stroessner, el dictador paraguayo, desalojado a cañonazos hace 30 años, había ganado los comicios en 1988 por mas del 90% de los votos a su favor. Poco tiempo después sus mismos generales acabaron con 35 años de dictadura e iniciaron la democracia.  Apoyar a Guaidó en Venezuela o a los críticos de los gobiernos en Nicaragua o Cuba es buscar que el costo de mantener un poder vacío tenga todavía un costo mayor que lo que ya tiene. La presión debe mantenerse por el bien de esos pueblos humillados pero valientes a la hora de reclamar lo que es de ellos: la democracia hurtada.-

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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