PREVARICATO

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(Publicado el viernes 7 de diciembre de 2018 en el diario El Universo de Ecuador)

Si hay una forma de matar la democracia formal que tenemos es a través de una justicia complaciente. Su poder opera como la diabetes, disuade las acciones mas heroicas, bendice las peores decisiones políticas y cuando se le acaba el respeto a las formas, recurre al absurdo como la reciente justicia boliviana. Esta acaba de interpretar que el binomio Evo Morales – García puede volver a buscar una nueva reelección sostenidos en que ambos tienen “derechos humanos fundamentales” a presentarse a comicios a pesar de que un referéndum popular haya votado lo contrario. En una palabra, no sirve lo que dijeron a coro e interpretan los derechos fundamentales para avalar un crimen contra la democracia. Ante tamaño prevaricato no le queda otra opción al pueblo boliviano que levantarse contra la tiranía y al gobierno de Morales recurrir a la violencia, represión, exilio y muerte de sus opositores siguiendo el mismo manual de Nicaragua y Venezuela. La servil justicia boliviana le ha dado una estocada de muerte a la democracia de su país ante la mirada atónita de todos.

La imposición de un modelo autoritario siempre sigue el mismo recorrido y recurre frecuentemente al sistema de someter a cualquier autoridad que se le oponga. Esta en vez de salvaguardar los derechos comunes – los de la mayoría- interpreta la norma de forma antojadiza para darle un barniz de legalidad a un acto abiertamente contrario a la norma. La reacción de asombro ciudadano da paso luego a manifestaciones violentas que pretenden torcer las injustas decisiones tomadas mientras el gobierno endurece el puño para desatar trompadas contra el pueblo levantado. El toque de queda o las detenciones arbitrarias pasan a ser parte de un libreto donde al gobierno, como el caso boliviano, no le importa llenarse la boca de pueblo para después reprimirlo aunque luego de consultarlo y no escuchar su mandato.

Todo el discurso de popular queda a un lado ante la realidad manifiesta de un gobierno que se enfrenta a la misma realidad que dijo querer transformarla cuando llegó por primera vez al poder. No dejar de ejercer el mando pasa a ser la razón de ser del mismo y en ese afán los jueces prevaricadores son funcionales a sus propósitos. La única manera que el estado de derecho sea tal en nuestros pueblos será con una justicia independiente, autónoma y con coraje que ponga fin a los excesos del poder político y sea capaz de sancionar los intentos de retorno a modelos autoritarios.

La gran depuración de nuestras democracias pasa por el camino de la justicia. Si ella ya es un déficit en lo social y económico su situación institucional es aun mas grave y amenaza por igual a todos los campos del ejercicio democrático. Los jueces bolivianos han desatado una tormenta de impredecibles consecuencias y como en otros intentos autoritarios solo será el pueblo en las calles el que pondrá freno al claro interés autoritario de aquellos que han violado la Constitución y las leyes. ¿Les suena conocida esta historia en América Latina?.-

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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