DEMENCIAL

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(Publicado el viernes 23 de noviembre de 2018 en el diario El Universo de Ecuador)

Si creíamos que habíamos visto o leído todo acerca del realismo mágico pues debo decirles que nos quedamos muy cortos cuando de describir lo que acontece en Venezuela se trata. Si hace casi 20 años Chávez les hubiera  dicho a sus compatriotas que en dos décadas tres millones de ellos deberían salir del país a mendigar para sobrevivir o que la inflación se hubiera devorado todo, estoy seguro que la repulsa ciudadana lo hubiera expulsado a él y su revolución a alguna isla del extenso Caribe o se compadecerían de su locura. Hoy solo la represión mantiene en pie al régimen de su sucesor Maduro que carga con las consecuencias de su régimen al ver detenidos  en el exterior a sus personeros por malversación de fondos públicos o lavado de dinero. Esto generalmente suele ocurrir cuando un gobierno ha sido desalojado por las buenas o por las malas, sin embargo lo que observamos con curiosidad es que acontece en tiempo real a un gobierno que todavía cree que tiene legitimidad y legalidad ciudadanas.

Tres millones han votado con sus pies para buscar refugio donde sea. La gran mayoría pertenece al grupo social que los apoyó frenéticamente y que ahora le duele reconocer el fracaso de un proyecto insostenible por la realidad. El golpe ciudadano es tan sonoro que se lo siente en cualquier parte del mundo donde algún venezolano en las calles está buscando como sobrevivir a cómo sea mientras los personeros del gobierno buscan evadirse y esconder sus fortunas hurtadas en nombre de una “revolución popular”. Fuera de cualquier excusa escapista, lo que pasa en Venezuela es un problema de ellos en particular pero de alto impacto a nivel  general para todos. No se puede pretextar aquí que algún embargo o bloqueo comerciales  les haya llevado a tal condición cuando el país caribeño sigue refinando su petróleo en los EEUU. La corrupción, la ineptitud y la ineficacia han terminado por hundir a la Nación que tiene reservas petrolíferas para 500 años pero debe faenar perros en las calles para comer. Si esto no es realismo lacerante díganme otro ejemplo que grafique este desquicio.

Todas las hipótesis para destruir un país quedan cortas ante lo que acontece en Venezuela. Desde lo político pasando por lo económico  y social han sido sobrepasados por una realidad insostenible por un camino que no sea la fuerza y la represión. Cuando veamos las fortunas de los jefes militares y policiales de esa tarea, estoy seguro que comparados con  los ton ton macoutes haitianos estos serán unos personajes celestiales frente a ellos. El rol de personeros internacionales como Rodríguez Zapatero será de igual despreciable como lo fue el  manejo de su propio país y, es probable que lo descubran con alguna abultada cuenta en algún banco del exterior por sus “buenos oficios”. Esta es   la realidad –no la literatura-  de un personaje tan nefasto que pretende dar visos de normalidad a una realidad absolutamente desbordada y urgida de medidas drásticas de solución.

La pobre-rica Venezuela es una desgracia. Una tragedia vivida en tiempo real y una gran lección para nosotros los latinoamericanos y para el mundo de cómo es posible destruir un país completo detrás de una demencial forma de gobernar. Es urgente recobrar la racionalidad antes que la epidemia como la fiebre española hace 100 años termine por cebarse mas muertos, detenidos, extraviados o huidos.-

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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