SEGURIDAD

U

(Publicado el viernes 26 de octubre en el diario El Universo de Ecuador)

En un mundo cambiante e incierto, los brasileños van a elecciones este domingo en segunda vuelta. El triunfo parece seguro para un ex capitán del ejército, varias veces legislador y nostálgico de los tiempos en que su país era visto como la tierra del samba y del futbol imbatible. La imagen del país tropical y alegre nada tiene que ver con la realidad actual. No solo el 7 a 1 de los alemanes en el mundial organizado por ellos para mostrar el nuevo rostro del país ha servido para exhibir una tierra de desigualdades, pobreza extrema sino además agravado por los 60 mil asesinatos por año. Qué otra razón mas contundente que esta para que millones de brasileños crean que Bolsonaro es la solución a una cuestión casi parecida a un genocidio anual. Si a esto se le suman los escándalos de corrupción del tamaño del territorio del país y el fracaso de la izquierda con sus dos portaestandartes duramente castigados: Lula y Dilma, el cuadro no parece mas que demostrativo de una elección cuya tarea no será simple.

Bolsonaro tendrá altas exigencias de un país en declive. Una economía en recesión y un Estado que deberá ser refundado. La clase empresarial que creció bajo la protección y complicidad de ese Estado mira con mucha aprehensión el futuro. Varios han decidido salir del país con otros destinos a una realidad que se asemeje mas a la normalidad o al tiempo en que creen que ella volverá al país. Brasil no fue nunca así pero la nostalgia de los tiempos idos impulsa a que un sector importante de la sociedad ponga fin este domingo al largo dominio de los gobiernos del PT. Los partidos tradicionales extensiones de formas feudales de organización también agonizan y surgen en su reemplazo iglesias y seguidores que buscan darle sentido a la política desde una concepción entre alarmista y apocalíptica.

Seguridad en un tiempo incierto es lo que quieren los brasileños. La sensación de que Bolsonaro bajo el grito de “Dios, patria y familia” se los dará llena de dudas a muchos incluso a los nuevos creyentes de este evangelio fascista que surge mas como castigo antes que como opción. La democracia malgastada, la corrupción rampante y las mejores esperanzas enterradas llevan a tomar el riesgo de elegir a uno que solo parece congraciarse con el malestar pero poco con las esperanzas de reconstruir un pacto democrático basado en el respeto a las libertades fundamentales. Solo el tiempo dirá cuanto de lo afirmado en campaña fue solo promesas y cuanto de realidad. La izquierda espera el fracaso de quien muchos afirman puede ser peor que la enfermedad que dice venir a sanar.

Dura prueba a las instituciones, a la ciudadanía bastante activa y movilizada que ha sido protagonista del debilitamiento del PT y de una prensa activa que denunció los hechos de corrupción. De ese mismo activismo dependerá que la democracia brasileña siga vigente a pesar de las nostalgias fascistas en el discurso de Bolsonaro. Con mucha razón hay miradas perturbadas y esperanzadoras detrás del país mas violento del mundo. 200 millones de brasileros y el mundo miraran con atención el desarrollo de un gobierno donde la seguridad está en el trasfondo de una realidad que requiere urgentemente ser modificada.-

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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