MIEDOS

 

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(Publicado el viernes 1 de junio de 2018 en el diario El Universo de Ecuador)

En tiempos electores se echa con frecuencia mano a los temores que supone elegir a un determinado candidato. Algunos se basan en hechos concretos de su paso por la política o por la actividad privada que se supone que con el poder político afirmará la perdida de los intereses colectivos. El miedo es una poderosa fuerza electoral y se ha convertido en la política en el pívot con el que se busca destrozar a un candidato cuando las fortalezas del oponente son menores. Se gana por demolición y en los tiempos del fake news (noticias falsas) diseminar los miedos resulta notablemente fácil y sencillo.

Las democracias consolidadas no temen. Se respaldan en un sistema político con instituciones previsibles y leyes que se cumplen. Solo en las de fachada alguien puede temer a un candidato en funciones. En las otras, el sistema de pesas y contrapesas hace que la balanza impida que el controlador circunstancial del timón haga maniobras que pongan en peligro a toda la tripulación. Generalmente los mandatarios que no entendieron este sencillo esquema de la gobernabilidad terminan siendo las primeras victimas  de un sistema al que denuncian como injusto, hostil y persecutorio una vez .. que dejaron el poder.

Si queremos algo de certeza en estos tiempos dominados por la incertidumbre y los miedos que eso conlleva, debemos adecuar discursos y acciones que huyan del efectismo o populismo para hacerlas cercanas a una racionalidad de la acción en donde la propuesta votada no implique mas que reafirmar las certezas institucionales que han sido construidas casi siempre sobre la base de los conflictos.

Los lideres políticos están condenados a terminar con los miedos si pretenden lograr el desarrollo de sus pueblos. Si el interés es solo saciar la sed de reconocimiento y de que “le teman sus viejos adversarios” solo habremos consolidado el circulo vicioso que encierra pobreza, marginamiento y subdesarrollo. Un país donde haya justicia no teme los excesos de los jueces, por el contrario se siente seguro que si cumple las normas tiene garantías que nadie le quitará el negocio, lo perseguirá fiscalmente y que el Estado garantizará el ejercicio de su actividad profesional ante cualquier circunstancias. El vivir en el temor agota, cansa y harta.

Los únicos que deben temer deben ser los sinvergüenzas y corruptos. Aquellos que monopolizando el poder se creyeron dueños de vidas y haciendas logrando que el temor hacia su persona y su gobierno fortalecieran las peores bajezas humanas y desarrollaran un aparato represivo que se cebó incluso con la vida de las personas.

El tiempo que vivimos tratando de develar nuestro destino es suficientemente pesado para agregarle el temor a que uno pierda la vida en las inseguras calles de nuestra América o que le saquen a uno sus bienes por capricho, envidia o intolerancia  que el poder de turno ocasiona. Hay que construir certezas justas para desalojar al miedo de nuestro entorno vital.-

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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