PUEBLO

U

(Publicado el miércoles 31 de mayo de 2017 en el diario El Universo)

Con esta palabra la política ha creado tantos escenarios ciertos, falsos, proféticos y mentirosos. En su nombre se ha creído no solo proyectar el objeto de ella sino la misma realidad que se quería esconder. Sus derivaciones de populares y populistas han surgido como exageración maliciosa de su verdadero propósito y como forma de manipular una realidad que solo sirviera para esconder el real propósito de la política. Sin pueblo no tendríamos discurso ni retórica, y en su nombre y razón se han consumado los peores crímenes políticos.

El pueblo del fascismo, del comunismo, del socialismo no han sido diferentes de los que mercadeaban criterios económicos y políticos opuestos. Todos se han llenado la boca con el mismo pueblo y encontrado en él la argamasa perfecta con la que se construyó solo el poder y nada más que eso. Todo lo que se pretendía realizar de manera distinta era puro maquillaje, como lo demuestra el altísimo grado de corrupción que se ha dado en los gobiernos populistas de la ultima década. Los que se conocen hasta ahora, como los de Argentina y Brasil, constituyen una muestra de cómo manipuló la idea de pueblo para alzarse con cifras multimillonarias una clase política que fogoneó el concepto hasta el hartazgo al punto de convertirlo en dogma y evangelio cotidiano. Se compraron medios de comunicación y se persiguió a todos aquellos que intentaban desnudar las mentiras sobre las que se sostenía un discurso muy lejos de las acciones de latrocinios que se perpetraban en las entrañas del poder. El pueblo era solo un decorado distante y vacío.

Una de las grandes revoluciones que nos debemos los latinoamericanos es la de la conciencia crítica, aquella que resulte de un conocimiento que permita distinguir al mentiroso y manipulador de quien sostiene a pesar de su aburrimiento aparente verdades tan grandes como una catedral. Los alemanes, tan cultos, no se dieron cuenta de que entre ellos estaba Adenauer, por ejemplo, y escogieron a un cabo austriaco como canciller (Hitler) que los llevó a la ruina y en nombre del pueblo arrasó con media Europa. Es pertinente desarrollar el juicio crítico que nos permita saber cuándo el demagogo comienza a emerger y cómo detenerlo antes de que genere un daño mayor en una población que solo anhela del poder: rigor, seriedad y compromiso.

Esa fascinación con el demagogo y la aversión al anagogo es la causa fundamental de nuestra pobreza material y mental; debemos superarla con educación crítica que permita distinguir lo bueno de lo malo, lo perverso de lo cierto. El pueblo tiene que ser algo dinámico que reclame y participe diseñando un nuevo modelo de liderazgo, sostenido en la verdad y en la acción efectiva a favor de la sociedad en su conjunto.

Los egoístas y mentirosos no deben tener cabida tan generosamente como la han tenido por pueblos anhelantes de cambios que compraron el discurso para acabar desilusionados de las acciones. Requerimos pueblos concienciados que construyan y activen nuevos modelos de liderazgos políticos que teman los castigos de un pueblo al que mentir y robar sea cada vez más difícil y complejo.

Esa es la revolución popular que requerimos, no aquella que se llena la boca para mantener las cosas igual que siempre.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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