CULTURA

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(Publicado el domingo 29 de enero de 2017 en el diario Ultima Hora)
Esta palabra pretende reunir bajo su significado un abanico tan amplio de cosas mutables como inmutables y se echa mano a ella para explicar la complejidad del bilingüismo paraguayo hasta el fraude de las planillas reeleccionarias pasando por la omnipresente corrupción que permea todas las capas del país. Muchos –como el apoderado Almirón– la usaron para asumir las responsabilidades de los dirigentes de la ANR, pero no las culpabilidades como si se pudiera resucitar a los muertos y procesarlos por haber firmado las planillas despreciables. Afirmó que el fraude es parte de la cultura nacional y se repite con frecuencia en todos los niveles de los partidos políticos distribuyendo responsabilidades y buscando hacer menos pesada la carga escandalosa que provocó la difusión de las planillas.

El diputado Barrios consideró un hecho menor, si total “nadie había muerto”, como si la corrupción solo es condenable cuando produce un finado. Aunque en verdad, la corrupción mata cuando médicos, centros hospitalarios o falta de medicamentos pueden acabar con la vida de alguien que pretende encontrar la cura imposible para su dolencia. El Tribunal Electoral hubiera evitado el escándalo si desde el principio hubiera aclarado que lo que se realizaría con las firmas no era una iniciativa popular que demanda otros requisitos. La aclaración la hizo Bestard cuando el escándalo llevó a aclaraciones que en realidad obscurecían más el escenario. Este hecho político sería suficiente para producir un tsunami jurídico en cualquier país serio del mundo. En el nuestro es un vyrorei y por eso no nos debe extrañar que sigamos estando en el penúltimo lugar de corrupción en Sudamérica, solo superado por la inviable y fallida Venezuela.
La percepción de corrupción sigue siendo alta entre nosotros y entre quienes nos visitan. La idea de que quien comete un delito y no lo sancionan está instalada en el pensamiento nacional y eso se reafirma cuando vemos a declarados corruptos vestidos de blanco entregando las planillas falsas. ¿Cómo pretender hacer creer que hemos mejorado en ese campo cuando las evidencias son incontrastables y exhibidas a plena luz del día? La cultura de la corrupción o la ausencia de castigos al corrupto, no nos puede llevar más que a figurar en los últimos lugares. El presidente afirmó la semana pasada sus logros en Davos, desde donde sale uno de los reportes mundiales que nos colocan muy mal en el escenario de los países corruptos. Ufanarse de la ley de transparencia no es suficiente. Hay que vivir transparentemente y castigar a aquellos que operan desde la opacidad o clandestinidad. Esa es la única manera de construir una cultura de legalidad previsible y cierta, que nunca busque los atajos que impiden finalmente robustecer el estado de derecho.
Si quien comete un hecho de corrupción solo tiene 1% de ser condenado y solo 5% de ser procesado, el país seguirá estando en los últimos lugares de corrupción y, propios y extraños coincidirán que hemos avanzado muy poco en ese campo.
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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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