OBSCURIDAD

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(Publicado el día miércoles en el diario El Universo)

Un cono de sombra se cierne sobre el futuro de Colombia. Un país heredero de Santander y apegado como tal a las normas decidió someter a un plebiscito el acuerdo de paz con las FARC. El resultado inesperado del rechazo por un estrecho margen y con una participación de menos del 40% de los inscritos para votar abre una serie de interrogantes sobre el conflicto en esa nación, pero por sobre todo sobre los modos para resolver los diferendos.

La primera conclusión que se podría colegir de esos resultados es que el país está dividido en torno al tema en cuestión, pero por sobre todo por algunos de los puntos del acuerdo, especialmente aquellos que tienen que ver con la representación forzosa y forzada en el Congreso. La cuestión de las responsabilidades judiciales por actos criminales tiene algunos matices que podrían acercarse al ideal del derecho, aunque discutibles desde el ángulo de la justicia. Aunque con claridad habría que entender que estos acuerdos son siempre sujetos de discusión desde esa arista. Pasó con ETA en España y con el Sinn Fein en Irlanda, por citar solo dos casos conocidos donde los que colocaban bombas, asesinaban y quemaban se reconciliaron con la sociedad y con los familiares de los fallecidos de manera forzada, porque era mejor poner fin al conflicto que mantenerlos sine die. Aquellos también recibieron similares cuestionamientos y el acuerdo colombiano es posible que pueda percibirse más con la resistencia de una parte de ese país a un proyecto de reconciliación que ha sido madurado en la cúpula, pero no entre la población mayoritaria del país. Llama la atención que los que votaron por el Sí fueran de comunidades que padecen las consecuencias cotidianas del conflicto y que el No se impusiera en sitios donde los efectos del conflicto fueran más distantes.

Es un triunfo pírrico de Uribe, parece más dominado por el resentimiento que por el odio. Es inconcebible que un mandatario que forzó a la negociación a las FARC, a las que debilitó en su doble mandato con un brazo operador en su ministro de Defensa y hoy presidente de su país, haya acumulado la fuerza del odio para oponerse frontalmente al acuerdo y que su tesis haya triunfado. Será sin lugar a dudas algo que proyectará en el futuro la confrontación y no permitirá discutir las causas y razones de este conflicto que tiene un origen más social, económico y político. En el fondo es probable que la resistencia al acuerdo de estos esté más llevada por esos argumentos que por razones estrictamente de justicia. Colombia se ha develado en uno de sus rostros más complejos. Es deseable siempre un territorio de paz que deba aún ser trabajado por aquel que mantiene el statu quo, postergando el desarrollo del país en su complejidad. Se escogió mantener lo conocido.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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