PAZ

(Publicado el miércoles 28 de septiembre de 2016 en el diario El Universo de Ecuador)

No creo que nadie en Colombia ni en el mundo civilizado anhele algo más fervorosamente que el fin del conflicto que ha tenido, entre otros protagonistas, a las FARC. Un enfrentamiento con millones de muertos y desplazados por más de 52 años es una muestra acabada de la sinrazón del género humano. Los colombianos lo vivieron y murieron por esto que la continuación de luchas entre civiles tiene en la historia de ese país como denominación: “la violencia”. El acuerdo firmado el lunes pasado en Cartagena está lleno de buenas intenciones que solo el tiempo y nada más que el paso del mismo confirmará la real voluntad de las partes de poner fin al conflicto y alcanzar la paz.

Hay muchos que dudan y con razón sobre esto. Han visto varias veces la misma película y cuando observaron que el M-19 se convirtió a la vida civil pero continuaron los hechos violentos entremezclados con intereses del narcotráfico pero disfrazados de política, no es extraño que la duda domine incluso a los optimistas que quieren creer que esto es un paso trascendente.

Colombia necesita una mirada severa sobre las causas de este largo conflicto con todos los ingredientes de criminalidad que les rodea. ¿Por qué han llegado a tener las FARC casi 20 mil combatientes y el apoyo de comunidades civiles? Esta es una pregunta que esconde historias largas de exclusión, inequidad, ignorancia, escasa presencia del Estado, racismo y por sobre todo: escasa dinámica social. Grupos humanos que veían que en eso que llamaban democracia no había espacio para ellos y que el poder político se encontraba demasiado lejos de ser alguna vez alcanzado por ellos. Si no pertenecían al patriciado colombiano y no hacían la travesía al poder por los centros académicos, sociales y económicos millones de esos desheredados se quedaban sin ninguna oportunidad. Y ya lo decía Thomas Jefferson de manera magistral cuando definía la democracia: “Es un sistema político de oportunidades donde cada uno tiene que estar seguro de que al menos tiene una oportunidad”. Y cuando eso no existe, cualquier opción o alternativa no hace la diferencia entre la vida y la muerte. Les queda a los colombianos iniciar una fuerte promoción de sus compatriotas a los lugares de decisión, porque si no lo hacen continuarán los pretextos para unirse a grupos criminales, bandas de sicarios, mulas o narcotraficantes. Si no ven en el horizonte alguna oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, continuarán empeorando la vida de los demás y de ellos mismos.

¿Por qué han llegado a tener las FARC casi 20 mil combatientes y el apoyo de comunidades civiles? Esta es una pregunta que esconde historias largas de exclusión, inequidad, ignorancia, escasa presencia del Estado, racismo y por sobre todo: escasa dinámica social.
La paz debe ser construida desde una concepción incluyente y para eso queda mucho trabajo por hacer. Hay que diseñar una estrategia que permita a los colombianos y a los muchos que queremos bien a ese país, ver cómo los descendientes de africanos alcanzan posiciones de poder y dejan de ser referencias del fútbol o del boxeo. Cuando los campesinos de la zona de Caguán o de esos parajes perdidos de esa hermosa nación tengan la posibilidad de ser presidentes o ministros sin apellidarse Santos y no ir al Modelo en secundaria o las universidades de la élite de ese país, en ese momento verán en el horizonte que la vida en la selva como guerrillero, sicario o narco deja de ser atractiva para convertirse en una actividad delictiva que debe terminar.

La paz será resultado de ese gran esfuerzo de inclusión. Esa epopeya que debemos librar todos pero muy especialmente los colombianos. Ambicionamos una paz para ese país tan lleno de literatura, buen hablar, música y colores. Un país que lo tiene todo pero que unos pocos se han empeñado por mucho tiempo para convertir todo colombiano en sospechoso de algo malo real o en puertas.

Paz con igualdad de oportunidades para todos. Paz con inclusión social. Paz como continuación del sentido de la dignidad y de la vida. Eso anhelamos para Colombia y para toda América Latina.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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