EL PODER Y EL GOBIERNO

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(Publicado el miércoles 14 de septiembre en el Universo de Ecuador)

Una de las fascinaciones recurrentes de los administradores es construir el poder desde el gobierno. Aprovechar el manejo de los recursos y la administración en su conjunto, para desde ahí mantener el control de la cosa pública. Algunos dirán que es eso finalmente la verdadera esencia del poder en democracia. Lamento afirmar lo contrario. Pudo haber sido la concepción de un tiempo donde poder y gobierno eran una misma cosa, pero no ahora en que el ciudadano posee una fuerza de influencia jamás conocida, y las agrupaciones en su conjunto modeladas bajo un sistema en entredicho no pasan de ser más que una piara devoradora de los mejores propósitos.

Llegar al poder en estas circunstancias resulta por lo tanto una tarea sin trascendencia colectiva y se reduce al mejor ejercicio del poder como razón de Estado sostenido en principios generalmente autoritarios e injustos. Si el argumento es mantenerse en el poder a cualquier costo, no importan los medios para alcanzar ese propósito, que en realidad debería estar al servicio de proyectar un legado de más democracia, más justicia y más dignidad ciudadanas. Sin eso, todo poder es vacuo, intrascendente e inútil. A lo largo de nuestra experiencia latinoamericana hemos visto que la única fidelidad real ha sido con el poder y no con el gobierno administrador de capacidades, talentos y potencialidades. En estas condiciones el concepto del legado es vago y difuso, haciendo que mantenerse en el poder consuma todas las energías políticas de gobiernos que hacen uso de la historia, la manipulación consuetudinaria y la arbitrariedad como construcción del miedo al poder de turno. A lo que único que es fiel es por lo tanto al poder arbitrario en sí mismo.

Este modelo no es sin embargo sostenible en el tiempo. La falta de atención a la realidad acaba con consumir sus mejores energías y las contradicciones entre el discurso y la acción real generan más temprano que tarde decepciones y confrontaciones. Cuando esto acontece, el poder que se difumina ataca a los representantes de los otros poderes, a los que acusa de golpistas y de cipayos al servicio de intereses locales o extranjeros. Jamás una autocrítica, nunca una mirada hacia el interior de una administración cuyo único objetivo era sobrevivir en el poder para disfrutar de sus ventajas y posibilidadesEL

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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