EL PODER Y LAS IDEOLOGIAS.

(Publicado el miércoles 10 de agosto de 2016 en el diario El Universo de Ecuador)

Durante mucho tiempo se habló de que la división clásica y fácil de la política era entre derecha e izquierda y que en esa batalla, que dominó gran parte del discurso político, el estar del lado de la siniestra daba una especie de legitimidad social en un continente dominado por la injusticia y los graves desajustes de oportunidades. La diestra era el egoísmo capitalista en su máxima expresión. La Guerra Fría, con la confrontación del capitalismo y el comunismo, le dio el sustrato político a una relación mucho más allá de la semántica. Hoy que las fronteras no se establecen en relación a esos conceptos y el ser de izquierda o de derecha resulta casi intrascendente, el debate es sobre la capacidad de gestionar en favor de las mayorías políticas que sirvan para brindar oportunidades a la gente. Ser de derechas o de izquierdas no representa nada si el sistema de distribución y, fundamentalmente, de gestión del Estado no cambia como debiera.

En estos días le pregunté a un chileno de “izquierda” sobre Camila Vallejo, la activista juvenil que puso de rodillas al gobierno de Bachelet con la famosa “revolución de los pingüinos” y que fuera electa diputada en los últimos comicios, y su respuesta me dejó pensando: “la comió el sistema”. No entendí muy bien sobre si el sistema político chileno era uno que representaba las variables de las posturas políticas en el sentido más pragmático posible y que había pulverizado los extremos al punto que demócrata cristianos y socialistas eran una misma cosa o si fue la realidad la que se impuso sobre esas definiciones de conveniencia política que dominaron nuestro lenguaje a lo largo de casi un siglo.

El fin de las ideologías se convirtió en un mantra y los partidos están más desconcertados que la realidad que deben alterarla. No queda nada de la revolución bolivariana y menos de los cambios en el sandinismo nicaragüense. Ortega se parece tanto a los Somoza como los Castro a la dictadura de derecha militar que derrocaron.
Hoy no importa dónde estás, lo que importa es que hagas las cosas. El fin de las ideologías se convirtió en un mantra y los partidos están más desconcertados que la realidad que deben alterar. No queda nada de la revolución bolivariana y menos de los cambios en el sandinismo nicaragüense. Ortega se parece tanto a los Somoza como los Castro a la dictadura de derecha militar que derrocaron. Dominados están todos por el poder y recubiertos en un discurso insostenible por una realidad que los desnuda en términos de hechos concretos.

Los cubanos en el poder por tanto tiempo como los de las “derechas” que cuestionaron hoy se quejan de las ventajas que supone a sus miles de ciudadanos el atractivo de tocar suelo norteamericano y convertirse automáticamente en asilados. Culpan al Gobierno de Washington, incapaces de cuestionarse el porqué miles de sus compatriotas desafían a los tiburones con tal de salir de un país convertido en una gran prisión.

El poder es lo único egoísta y rapaz que domina varios regímenes, el discurso entre derecha e izquierda sobredistrae a los tontos. Hay que ver quién gana y quién pierde con un gobierno para saber del lado de quiénes están los gobernantes en realidad.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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