AUSENCIA DE PUEBLO

(Publicado el miércoles 15 de junio de 2016 en el diario El Universo de Ecuador)

La democracia, imperfecta como toda obra humana, tuvo su nacimiento en una Grecia de clases que finalmente tuvo su colofón en la expresión de Churchill, quien afirmó que “es el menos malo de todos los sistemas políticos conocidos”. Pero la característica central de este modelo es la necesidad de tener una sociedad, un conjunto humano, en definitiva… un pueblo educado que puede participar del debate cotidiano con sus mandatarios de una manera igualitaria, que permita que nadie en su nombre se erija jamás en mandante sino que acepte su condición de hacer las cosas siempre en su nombre. Nos queda un largo camino por transitar en este extraño experimento democrático, pero sin pueblo solo podemos imaginar mascaradas democráticas que solo acaban en el ritual de escoger cada cierto tiempo autoridades que erigen en mandantes cuando debieran ser mandatarios.

La resistencia en invertir en educación de calidad ha llevado a que los sindicatos de maestros se parezcan tanto a los políticos que cuestionan; juntos han terminado por hundir la democracia en un sistema que donde se denuncia lo que no sirve pero no se tiene la más mínima intención de transformar las cosas. En este baile de máscaras, los cínicos han logrado distraer las soluciones a un pueblo desconcertado y sin capacidad crítica, que mira cómo la democracia de las formas se parece tanto a las dictaduras de fondo. Es tan grande el desencanto en muchos que hay una nostalgia de los tiempos autoritarios ante una democracia de ineptos que sabe lo que debe hacer, pero es incapaz de llevar adelante las reformas. Hay que despertar al pueblo para que ubique a sus reales verdugos y en consecuencia pueda escoger a gente que se le parezca en sus mejores virtudes y no se contente con la idea de que cada pueblo “tiene el gobierno que se merece”. Como podría un pueblo ignorante, sin educación, pobre y abandonado conocer lo que requiere de verdad. Se contenta con la manipulación que hacen los gobiernos populistas entregando cantidades miserables para sobrevivir un par de días justificando que al menos algún mendrugo les cae de la mesa donde los privilegios, sean de derecha o de izquierda, se manejan en un grupo cerrado de intereses dominados por la clientela política, el nepotismo y los sofistas.

América Latina requiere de pueblos conscientes de su capacidad y potencialidad. Tenemos todo para vivir con dignidad pero nuestros líderes, en su gran mayoría, se empeñan en describir la realidad trágica de una manera manipuladora y cínica. La democracia es un sistema de la gente, la que informadamente participa del debate sobre su presente y su futuro. Que escoge conociendo, que hace juicios de valor y que no se contenta con migajas. Hace poco el pueblo suizo rechazó un subsidio cercano a los 2.500 dólares mensuales. Consideró una ofensa a su valor como persona y grupo social. Aquí entre nosotros hay algunos gobiernos, como el de Brasil, que se ufanan de haber sacado de la pobreza a 40 millones de seres humanos que ahora sobreviven con ¡200 dólares al mes!

Esa es la gran diferencia de democracia plebiscitarias como la suiza, donde la dignidad está por delante y en donde los políticos mentirosos no tienen margen de maniobra. A eso con educación debemos llegar algún día. Ojalá sea pronto.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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