CALLEJON SIN SALIDA

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(Publicado el miercoles 25 de mayo de 2016 en el diario ecuatoriano El Universo)

La Venezuela de Maduro no es sostenible por la realidad. Se ha excedido a toda forma de comprensión de la realidad y busca la peor de las salidas: la violenta. El Congreso en manos de la oposición le exige un referéndum revocatorio –el mismo tantas veces usado por Chávez para sus reelecciones–, pero como ahora los vientos les son totalmente adversos, se oponen al mecanismo con uñas y dientes… y amenazan con tanques y fusiles. Deben estar tan mal las cosas para que Pepe Mujica tuviera que afirmar que Maduro “está más loco que una cabra”. La inflación se devora al régimen y los únicos que no parecen entenderlo son los del Gobierno, que al tiempo de anunciar golpes militares visitan los cuarteles para buscar apoyo. Muy mal Venezuela, y lo peor es que sus amigos de correrías o ya no están o enfrentan procesos por corrupción. Los demás, mutis por el foro.

Cómo cree un gobierno que las cosas sean sostenibles cuando una hamburguesa con la inflación se lleva el valor del salario del día. Largas filas de personas mendigando una oportunidad para comer y un malestar que ha llegado a los grupos sociales en cuyo nombre se hizo la revolución bolivariana. No puede seguir Maduro en el poder sin incluir un grandioso costo a su país y a sí mismo y su camarilla en este proceso de decadencia que vive Venezuela. Nos imaginamos la cantidad de recursos económicos que deben ser sujetos de robos en estos momentos de naufragio del régimen. Dentro de poco lo sabremos, pero el daño al país ya habrá sido incalculable.

El Gobierno está tentando una salida violenta que lleve a una dictadura militar sostenida por una camarilla rapaz que solo puede ser sostenible sobre la base de la persecución, el exilio y la muerte. No tiene salida Maduro. Ha llevado a su país a un callejón sin salida y ahí quiere dirimir los conflictos de un país inviable y en completa destrucción por obra y gracia de unos gobiernos corruptos que le están sacando futuro a un par de generaciones de venezolanos.

La comunidad internacional debe actuar pronto y rápido. No hay mucho campo de maniobra y entre los gritos y amenazas simiescas del jefe de Gobierno de Venezuela y el ahora secretario general de la OEA, las soluciones pacíficas van desapareciendo entre las opciones. Alguien debe poner racionalidad si de verdad queremos que Venezuela vuelva a ser un país viable en la región.

Abandonarla a su suerte y ver el descalabro sin atinar respuestas confirma la condición de cómplices por acción u omisión de muchos. Hay que sacar a Venezuela del callejón sin salida… ahí solo habrá sangre y destrucción aún mayor.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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