20 LUGARES

 

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(Artículo publicado en el periódico financiero 5 DIAS)

Benjamín Fernández Bogado

@benjalibre

El temido informe de enero de Transparencia Internacional colocó este 2016 al Paraguay avan­zando 20 lugares desde la cola. La razón: tenemos por fin luego de 22 años una Ley de Acceso a la Información Pública que fuerza a que el Estado nos diga qué hace con nuestros recursos, cuánto ganan nuestros man­datarios y con quiénes interactúan cotidianamente. Todo eso el habitante devenido en ciudadano puede hacerlo con la ley 5282 vigente desde el 18 de setiem­bre pasado y convertida en un instrumento clave que lo identifica con su condición de mandante. El Estado lentamente está siendo sometido a la temida transpa­rencia. La desinfección está en marcha. Ahí sabemos lo que ganan nuestros empleados en las binacionales y ver qué hacen con los más de 30 mil dólares mensuales que reciben. Nos enteramos de los convenios colecti­vos que pagan un mes de sueldo por casarse y reciben un sobresueldo por vacaciones como los de la ANDE. Sabemos además la incoherencia del Ministro de Ha­cienda, Santiago Peña, que está en contra de los “pri­vilegios discriminatorios” pero cobra religiosamente sus tres aguinaldos como lo hacen los de Petropar y Essap, entre otros. Con esta ley nos estamos enteran­do de la merienda de negros que es la función pública.

Por eso, los jóvenes acaban con el rector de la UNA y su gavilla de decanos, la prensa accede a la informa­ción de los recursos manejados discrecionalmente por Ramírez Zambonini y su correligionario liberal Ma­nuel Radice, sabemos los chanchullos de Karina Ro­dríguez, los de Víctor Bogado, José María Ibáñez que caradurezcamente siguen aferrados a sus cargos. Por esa bendita ley conocemos que el fiscal investigador del TSJE aflojó su tarea porque nombraron a la amante en el órgano investigado. La ley de transparencia está forzando al Estado a ponerse en forma, organizar sus documentos y castigar a los que destruyen los mismos como se espera que pase con los antecesores de la más joven intendenta del país en Nueva Colombia, que la dejaron como herencia la quema completa de los ar­chivos.

La gente quiere sanciones. Duras y ejemplares. Por­que si nos quedamos con saber la corrupción y no castigarla es probable que volvamos a la cola entre los países más corruptos del planeta. Estamos aun penúl­timo en América Latina con Venezuela al fondo.

Hace falta meter mucha más presión sobre el Esta­do porque esta es la gran batalla en el mundo actual. Francis Fukuyama autor del libro “Confianza” donde analiza porqué algunos países son ricos y otros pobres dijo: “ la generación anterior de latinoamericanos peleó por la democracia frente a dictaduras brutales, esta generación debe concentrarse en desarrollar una administración pública de elevada calidad. La clave de muchos países pasa hoy por dejar atrás el clientelis­mo. Para eso, un eje crítico es que la sociedad manten­ga la presión sobre sus gobernantes”.

No hay margen en todo esto. Ponerse feliz por los 20 lugares desplazados es bueno, pero mucho más será la alegría si despertamos a los ciudadanos para que ha­gan presión sobre sus empleados y que los remolones sean castigados como dice la ley. Eso nos llevará a es­tar entre los primeros 50 sin lugar a dudas.

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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