EL LIMITE DE TU MUNDO… ES LA RADIO

(Extraido del libro “La radio mas viva y compañera que nunca” Presentado el pasado 17 de mayo en la Universidad de Colima (Mexico)

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Haber concebido “Contrapoder” desde el inicio de Radio Libre en Paraguay hace 15 años era abiertamente una provocación al lenguaje, la participación y el debate pero por sobre todo, a los valores que sugieren estas formas de interacción humana: respeto, tolerancia, responsabilidad y compromiso. Pudiera parecer una pretensión muy amplia y por ello mismo restringida en su concreción pero sin embargo el programa de debate radial paraguayo de tres horas diarias ha sobrevivido en el tiempo y ha servido no solo para construir una opinión pública mas robusta sino a comprender en democracia la trascendencia de la diversidad de voces en la construcción de una libertad de expresión amplia y tolerante.
No era poca cosa para un país como el Paraguay que había proscripto el verbo por años de autoritarismo y por los cercanos 35 años de dictadura de Alfredo Stroessner ( 1954-1989) en donde los intentos de micrófono abierto en Radio Ñanduti habían costado el cierre de la emisora y permanentes citaciones a la policía de su director. El gran desafío primero de Radio Libre y luego de uno de sus programas, era como lograr que los temas importantes se hicieron parte del debate ciudadano y que al mismo tiempo permitieran comprender de manera amena, dinámica y ágil la trascendencia de los temas en la vida de los oyentes activos y que agitara la reacción de los “pasivos” entendiendo por ellos a aquellos que no participan directamente del debate. Era importante iniciar con una toma de posiciones en torno a tres temas relevantes de actualidad luego de la presentación del programa que, inicialmente se emitía en horario vespertino (15 a 18) y luego en tiempo matutino hasta la actualidad (8 a 11). El espacio se inicia con tres temas abordados en tres minutos que permiten una ubicación temporal sobre los tópicos escogidos por la producción y el conductor sobre los cuales existe una clara toma de posición personal sobre los puntos escogidos. Casi siempre son temas económicos, políticos y sociales.
Posterior a eso se lanza una pregunta disparadora que cruza generalmente los temas más trascendentes del día o que estarán en la agenda de la semana. Se explica el alcance temático de la misma y por qué la interrogante permite orientar el debate sin limitarlo exclusivamente al ámbito directamente escogido. Así por ejemplo ante la crisis política de junio del 2012 que acabó con la presidencia de Fernando Lugo luego de un juicio político impulsado por el congreso paraguayo la pregunta disparadora era: ¿Institucionalmente la respuesta a la crisis política era de contenido político o jurídico?. Queríamos que el análisis ciudadano pudiera abarcar una mirada al artículo constitucional que permite el juicio político al presidente de la república por entre otras cosas “mal desempeño en sus funciones” pero deseábamos alcanzar en el análisis el procedimiento llevado a cabo por el congreso, la oportunidad del mismo, la explicación social como trasfondo de la crisis, la respuesta jurídica a un caso político, las limitaciones de legitimidad del congreso ante un hecho de este tipo, la irresponsabilidad del jefe del ejecutivo para abordar con rigor el manejo de la crisis que impulso el juicio y de otros casos anteriores en fin, una mirada histórica de otros casos similares en transición y una visión comparada sobre sucesos similares como el caso del juicio político al presidente brasileño Fernando Collor de Mello.
El programa tuvo un pico de audiencia enorme a través de los tres números telefónicos de cabina, los mensajes en el celular de la emisora, las redes sociales (Facebook y Twitter) donde las miradas a veces apasionadas y otras vistas con mesura por una audiencia diversa pero generalmente con muy buena preparación intelectual, permitió que el programa se convirtiera en un recurso pedagógico notable en un momento de crispación nacional. Sumado a eso me ha tocado tener que responder en el aire al llamado de emisoras internacionales interesadas en saber en torno al proceso que sirvieron además para reforzar la comprensión sobre el tema desde una perspectiva foránea que a veces servía de justificación y otras veces de pretexto para entender mejor la complejidad de la situación.
SOSTENER LA DIVERSIDAD DEMOCRATICA
Uno de los grandes desafíos en programas de este tipo es no dejarse llevar por algún participante con gran capacidad retórica o con un histrionismo que termina por apabullar la visión de otros oyentes y para eso es importante que el conductor esté atento a los detalles de cada una de las explicaciones para solicitar aclaraciones, corregir a veces o enderezar el debate hacia donde la pregunta disparadora había sugerido. Por lo general, algunos participantes le dan mucho color al programa pero desalientan otras voces que pudieran enriquecer notablemente el análisis de los hechos. El peor escenario para estos programas es que el conductor se solace con la cantidad de participantes en detrimento de la comprensión real de los temas abordados.
Es importante un nivel de autoridad en la conducción que impida los desbordes o que el debate se centre solo entre dos o más participantes con lo cual se agota el tiempo y las posibilidades de otras personas que pudieran enriquecer notablemente el mismo. A veces la tentación del conductor es entrar en polémica con alguien y desbordarse en una agitación verbal que a veces conduce a un intercambio de agravios que no reporta absolutamente nada a la comprensión temática del programa. El personaje-conductor termina imponiéndose sobre el tema y solaza a un sector de su audiencia que se siente identificada con la personalidad del mismo y, mas especialmente con el vocabulario vulgar que utiliza para capturar la atención de la audiencia.
El lenguaje permite decir mas cosas que la restringida afirmación de vulgaridad que domina a varios conductores y que son tomadas como ejemplo por jóvenes radialistas que creen que eso demuestra popularidad y es mas, muestra el carácter democrático de la emisora. Mi percepción es contraria a esto. Creo que se puede hacer buena radio sin caer en los excesos y en especial en los epítetos calumniosos que finalmente demuestran el escaso espacio que existe para las ideas y para el ejercicio de un periodismo responsable que valore la liberta de expresión y que la nutra de recursos que permitan el desarrollo de una democracia diversa, amplia y robusta.
Algunos ejemplos como Rush Limbaugh en EEUU donde la militancia política agresiva transmitida por una red de emisoras que encuentra que el talk show es no solo popular sino refleja en gran parte la decepción ciudadana en torno a los políticos y a la política en verdad en el fondo el estilo empobrece notablemente la democracia y sin percibirlo, quizás justifican modelos autoritarios de gobierno y de relación. Algunos conductores de radio se han vuelto populares porque han sido capaces de insultar en público a un legislador de cuestionable capacidad para el ejercicio de su cargo pero no ha buceado mar adentro para comprender el porqué de la crisis de representatividad en nuestras democracias latinoamericanas que generalmente requieren una mirada mas seria sobre la educación, la inequidad, la pobreza, la corrupción u otros elementos sociales o económicos que finalmente marcan claramente las razones de la baja calidad de representación de nuestros congresos y de los presidentes que escogemos. El conductor radial alguna vez conocido como el “bastonero” no solo debe marcar el compas sino establecer con el paso el ritmo democrático mas útil a la sociedad que permita reconociendo un problema puede el mismo ser abordado por otros actores políticos activos o pasivos.
“Contrapoder” decidió sacar un libro denominado “RADIO-GRAFIA DE UN PAÍS EN CRISIS” (2004) que resume varios temas abordados durante el programa a lo largo de un año y que se presentó como un aporte novedoso al debate político paraguayo tan necesitado de argumentación y de razonamiento. El libro patrocinado por la Fundación Konrad Adenauer, tuvo un gran éxito editorial que hoy se encuentra con edición agotada. Resumía en el mismo ritmo del programa radial, textos donde el conductor emitía una idea u opinión y la misma era contrastada, confrontada o criticada por los oyentes pero con una articulación dinámica que abordaba visiones y perfiles novedosos en torno a cuestiones de seguridad, educación, salud, juventud, criminalidad etc. Varios de estos argumentos fueron utilizados durante la campaña política del 2003-2008 y luego de ser presentado en el Aula Magna de la Universidad Católica sirvió además para demostrar la importancia de la radio en el rescate de la palabra, en el fuego del verbo que permite la creación y en la trascendencia de las ideas en democracia.
VOLVER AL PODER DE LA PALABRA
Las nuevas tecnologías han supuesto un notable empobrecimiento del lenguaje al punto que algunas universidades hoy no otorgan títulos a personas que no sean capaces de expresar en palabras lo aprendido durante un ciclo de enseñanza. Otras están redescubriendo la retórica que había sido una de las primeras cátedras en las nacientes universidades europeas del siglo XI y estoy convencido que la radio puede jugar un papel provocador, agitador y encauzador de la recuperación del lenguaje y con ellos el enriquecimiento de la democracia. Radio Libre ha insistido notablemente sobre este punto desde su creación en 1997 y ha buscado diferentes mecanismos para entusiasmar a los jóvenes con los programas de debate en amplitud modulada. Los esfuerzos continúan y continuaran porque estamos convencidos que la democracia requiere hoy de la fuerza de las ideas que permitan innovar, crear y superar paradigmas que hoy se muestran obsoletos para resolver varias cuestión eso crisis humanas.
Requerimos además de conductores radiales para programas de este tipo con una capacidad cultural mucho mayor, con un universo educativo que le permita no solo ser retratista sino por sobre todo: exégeta o interprete de los tiempos que nos toca vivir. La triple crisis de: identidad, valores y destino requiere una radio con ideas y con una conducción inteligente que permita al oyente saber no solo lo que les pasa sino por sobre: porqué pasan las cosas. No es solo una cuestión de forma sino por sobre todo es un desafío de fondo. La idea perimida que las radios que hablan de esto son aburridas, no tienen oyentes y terminan fracasando en realidad es una profunda crítica hacia la calidad de los formatos y a la capacidad de conducción de varios temas que como tales necesita de conductores con inteligencia y por sobre todo cultura.
Además necesitamos conductores de radio con una gran capacidad de relacionar temas. Hoy a interconectividad y la visión de trabajo en redes constituye toda una lógica en los nuevos medios y presupone a la radio y sus conductores aplicar los mismos principios a la elaboración de programas y en especial a la presentación y conducción de los mismos. Hoy debemos saber tanto de música como de política, de cambios financieros como de calentamiento global, debemos hacer honor a la expresión aquella que decía: “soy humano por lo tanto nada de esta tierra me debe ser extraño”. Curiosidad y por sobre todo interés en temas transversales constituyen desafíos vigentes y actuales para los conductores de radio.
Cuando alguien habla de música en la cabeza de esa persona y en su cerebro se operan una variada y compleja relación de conductores que ubican el tema, el autor o el intérprete en una dimensión de espacio y tiempo que permite mantener el atractivo de un programa determinado. Nada ni nadie sustituirán jamás a un buen contador, relator e interprete que sepa como contar hechos, historias o sucesos de una manera original, atractiva y amena. Aun recuerdo las clases de un profesor de música en Harvard de nombre
Thomas Forrest Kelly cuya cátedra “First Nights” se desarrollaba bien temprano en el viejo y hermoso gran teatro Sanders de la universidad con un público ávido de entender que había pasado la primera noche que un famoso tema musical había sido estrenado en una ciudad determinada. El profesor tocaba la melodía, ubicaba el autor en su tiempo, lo relacionaba con el ambiente político del momento, referenciaba hechos económicos o sociales que hicieron que dicho tema fuera compuesto, el público que asistió y sus características sociales, el teatro con su arquitectura o los carruajes y las calles empedradas por donde circulaban.. todo eso permitía al alumno vivir una experiencia académica extraordinaria donde no solo uno aprendía de música sino también de literatura, arquitectura, política, economía e incluso demografía. Otro ejemplo interesante de esta lógica humana es el libro “Del Amanecer a la decadencia: 500 años de pensamiento Occidental (Taurus 2004) de Jacques Barzun catedrático de Historia Cultural de la Universidad de Columbia (EEUU) donde en un maravilloso texto relata porque pensamos como pensamos y de una forma amena, inteligente ..relaciona hechos y personajes que construyeron nuestra forma de abordar temas tan amplios que hacen parte de la arquitectura mental de occidente. Este hombre sabio que nación en 1907 y que aun vive, hizo de este libro un record de ventas por casi medio año en los Estados Unidos y su versión en español es una deliciosa manera de presentar erudición con amenidad e inteligencia con cortesía. Esta lógica de interconectividad y de relacionamiento debe ser el desafío permanente de un conductor radial. Tiene que observar en las noticias sueltas, en las palabras de sus oyentes, en los matices de su expresión elementos que permitan vivir la radio de una manera atractiva e inteligente. Entendiendo esto último como el resultado de millones de neuronas disparadas para generar interés y atención sobre un tópico determinado.
El programa “Contrapoder” a veces aborda cuestiones históricas que curiosamente resultan ser más atractivas que los tópicos futuristas. Existe un notable apasionamiento por los hechos del pasado pero en mi experiencia radial paraguaya he visto una incapacidad o quizás limitación a otear el futuro con ideas provocadores u originales que permitan aportar desde la radio respuestas a estos tiempos llenos de interrogantes sin resolver o preguntas perdidas en el silencio o en la bulla. La radio en los programas de debate tiene que generar ideas nuevas pero al mismo tiempo hacer las preguntas correctas que permitan buscar respuestas apropiadas en el ámbito de la conversación política o económica. Debemos aportar líneas de reflexión y de acción en este ambiente babeliano que nos toca muchas veces compartir, agitar o vivirlo apasionadamente.
Es interesante observar como los programas de debate generan cauces absolutamente notables. La audiencia comienza a darse cuenta de sus potencialidades literarias e incluso artísticas. Varios oyentes de “Contrapoder” han publicado a lo largo de este tiempo libros de poesías, cuentos, novelas o se han convertido en virtuosos compositores musicales que cada cierto tiempo comparten con la audiencia sus creaciones e invitan a la presentación de sus textos. Otro fenómeno interesante ha sido como la difusión o discusión de las ideas lleva a comprometerse en proyectos políticos. Un grupo decidió impulsar una idea de “lavar la bandera” del Paraguay luego de observar que la conducción política en el 2002 había caído en un descrédito enorme. Algunos de los autores de este movimiento decidieron luego ser candidatos a cargos públicos en varias localidades y, en no pocas ocasiones la audiencia ha querido que el conductor del programa se convierta en uno de ellos.
La tentación de ser parte del poder y no del contrapoder es siempre muy grande en los medios y con el ejemplo de varios comunicadores devenidos en actores políticos en América latina incluso como presidentes o legisladores, la estrecha línea que separa a cada uno de ellos es siempre una situación que debiera ser mirada con atención e inteligencia. No es lo mismo conducir un programa de radio o TV que hacerlo desde una condición política que requiere otras habilidades que no pueden reducirse a la afirmación: “ de que si alguien con menos calidad que yo: llegó porqué yo no?”. Las ideas tienen una notable fuerza en si mismas que requieren conocer los límites personales y comprender exactamente el rol de comunicador y de servidor del ciudadano para que este tenga poder o se sepa con poder de elegir o ser elegido para un cargo público. Los programas de debate convierten a los conductores en grandes referentes del debate cotidiano en las emisoras de Paraguay y de América Latina. Conocer el limite de la incompetencia de uno es una tarea por demás demandante de autocrítica, grandeza y de visión colectiva.
LAS NUEVAS TECNOLOGIAS
Los programas de debate suelen tener la tentación del facilismo cuando el conductor provoque la reacción visceral de la gente y esta reacciona desde el anonimato de los mensajes de textos en un teléfono celular. Suele ocurrir con frecuencia que la agenda del programa la fija quien es capaz de enviar en 140 caracteres de un twitter alguna frase ingeniosa o una respuesta provocativa que se convierta por lo mismo en el centro debate dejando de lado una cuestión trascendente o importante que el programa podría aportar. No es fácil huir de esta tentación e incluso a veces manipular un mensaje leyendo un texto falso que en realidad expresa la visión del conductor que no se anima a expresarlo de manera personal. Hay que tener mucho cuidado con estos recursos y en especial mantener una línea ética que no permita caer en esas claras formas de desviación del debate.
Las redes sociales como Facebook y Twitter han permitido difundir viralmente el contenido de un programa de radio y en tiempo real permite hacer un seguimiento de los mismos en especial con oyentes que escuchan la emisora a través de internet. Es un buen recurso, bien manejado por una producción inteligente permite darle un recurso a los programas de debate radial. Algunas personas temerosas de participar directamente al aire suelen utilizar estos medios para expresar ideas en un párrafo y más que generalmente enriquecen el debate. El conductor de nuevo debe ser lo suficientemente inteligente para incluir esa opinión en el espacio que contribuya al programa, el tema y la idea. Estos elementos constituyen la salsa del espacio y como tal debe ser administrada en su exacta dosis de manera a cumplir con su rol en el “menú radial “que se ofrece a la audiencia. Nunca tanto y nunca poco.. dosis exacta y colocada en el punto permitirán que el programa gane en densidad y sabor.
Para los que venimos de los tiempos del beeper dejando a un lado por obsoleto y nos adentramos en estas nuevas formas de comunicación no podemos dejar de admitir el impacto que estas redes sociales tienen en la difusión de las ideas pero es importante admitir su trascendencia en la exacta proporción que permita que el tema no se diluya en cuestiones baladíes o intrascendentes o que genere pereza o liviandad en la conducción. Es muy fácil caer en dichas tentaciones y por lo tanto requerimos entender desde la radio su aporte proporcional a la idea central que es comunicar de manera inteligente las cosas que nos pasan pero .. por sobre todo: porqué nos pasan.
Existe además una tentación que otorga el anonimato a que personas con perfiles falsos procuren establecer la agenda en programas de radio muy populares entablando un conflicto con el conductor que no puede rehuir la provocación del mismo acabando con el programa a su paso. Evitar que el programa de debate se convierta en un “vomitatorio público” requiere agudeza, inteligencia y autoridad que se le da el hecho de saber de lo que se habla con datos, números, circunstancias y momentos. Entender que los recursos de las redes sociales nos hacen mirar la radio desde una visión inter relacionada es un aporte de lógica comunicacional antigua pero siempre necesaria de ser re aprendida. Un programa de este tipo requiere de una producción inteligente que sugiera desde los temas apropiados hasta escoger los mensajes que sirvan al conductor para enriquecer el debate y no para distraerlo en cuestiones secundarias o superficiales.
No hay que reducir tampoco el programa a estos modos de participación. No creer que porque nos han escrito poco es que no somos atractivos de ser escuchados, finalmente este tipo de interacción es solo una forma mas de la serie de ingredientes que hacen parte de un programa de debate.
Si tuviéramos que dar una receta a un programa de debate diríamos:
1. Escoger correctamente el horario. Nuestra experiencia en Radio Libre nos demostró que las audiencias cambian de acuerdo a los tiempos. En el tiempo vespertino los que nos escuchaban eran absolutamente distintos que aquellos que luego nos siguieron en los horarios matutinos. El conocimiento del público, de sus gustos y de sus tiempos es fundamental para este tipo de programas,
2. La duración del programa. Es muy difícil hacer un buen programa de calidad luego de tres horas y estoy seguro que para los estándares americanos o europeos incluso esta cantidad resulta ya bastante pesada,
3. El tema escogido. Dosis de inteligencia para saber cual es la pregunta disparadora del día hace gran parte del éxito de “Contrapoder”. A veces cuesta escoger la interrogante apropiada y el programa tiende a caerse,
4. Tener bien en claro los recursos con que se cuenta. Producción apropiada, operador atento, equipo de prensa activo y cooperante, buena conexión de internet pero por sobre todo: buena interconexión de temas, lugares y personajes,
5. Desarrollar una ruta básica de conducción donde ni la música ni los cortes comerciales estén desprovistos de atención al ritmo radial que marca un programa de este tipo. La misma tanda comercial tiene que tener una unidad con las entradas tanto del conductor como de los oyentes,
6. No desechar la música en este tipo de programas. En ciertos momentos en que el nivel de crispación sobre un tema llega a su límite me encontré con personas que me decían: “ no te puedo escuchar mas por lo negativo que suenan”, en esos momentos descomprimir con una música resulta un recurso muy valioso. Recuerdo uno de esos momentos en que le digo al operador: “póngame el himno del día: cambalache de Discépolo”, aquello descomprimió muy bien la pesada carga de rechazo que había generado una acción determinada.
7. Enriquecer el tema con visiones internacionales. Hacer observar que los fenómenos analizados no son solo nuestros sino que se repiten en otros países con artículos que pueden ser compartidos con la audiencia resultan de notable valor a la hora de abarcar un tema desde una visión holística. Aquella expresión que afirma que “el aleteo de una mariposa puede producir un terremoto en Brasil” resulta una provocación exagerada pero resume el hecho de mirar un tópico desde una visión internacional que nos permita entender en mejor forma lo local.
8. Recurrir a invitados apropiados. A veces en temas muy complejos conversamos por un tiempo no mayor de 10 a 15 minutos con un experto o con dos de visiones contrapuestas que permitan al oyente tener una mejor opinión sobre un tópico determinado. Los temas económicos suelen ser los preferidos en estas consideraciones, pero es interesante observar como incluso en estas cuestiones la participación de mujeres amas de casa con una lógica despiadada terminan por derribar conceptos macroeconómicos muy atrayentes en números pero muy distantes de la vida cotidiana de la gente.
9. Establecer límites de tiempo en la participación. Nada irrita tanto al oyente que el conductor establezca preferencias con alguno en particular, lo ideal es cada participante tenga un tiempo igual que permita una intervención democráticamente paritaria y,
10. Estar convencido desde la conducción del programa que el mismo está destinado para que a gente conozca mejor un tema determinado y encuentre en el mismo como impacta en su vida particular y en otros ámbitos de su vida en relación con los demás. Es importante comprender que un programa de debate diario debe dejar en el oyente la sensación clara que le permita actuar informadamente ante hechos y circunstancias de su vida social.
En mi experiencia de radialista de 32 años he hecho todo lo que se hace en una radio hasta tener la propia, pero debo decirles que la satisfacción mas plena la encontré en personas que me decían que alguna pregunta, intervención, aseveración o crítica mía les permitió cuestionarse o cuestionar algo como nunca había tenido la ocasión de hacerlo. Este solo hecho justifica desde mi punto de vista la tarea del comunicador. Aquel que hace pensar, dudar, cavilar, extraer, expresar y participar cumple un rol extraordinario en una América Latina tan carente de civilidad y de civismo que permita escoger mejores referentes en la vida pública. No debemos desmerecer el impacto que tiene la radio pero por sobre todo: la palabra amplificada, aquella que llega mas lejos y que nos abre perspectivas nuevas, caminos inéditos y visiones nunca exploradas sobre temas y personajes que finalmente nos permiten leer nuestro interior y sacar lo mejor de cada uno de nosotros. Cuando uno se encuentra con algunos de esos anónimos oyentes que el dicen a uno que “su programa me enseñó a pensar mas claramente” o aquel que afirma que gracias a usted pude finalmente convertirme en escritor o poeta uno tiene la sensación que haber estimulado con la fuerza de la palabra la conquista de espacios inéditos tiene una sobrada recompensa cívica pero por sobre todo humana.
Aquella afirmación que dice que el ser humano es mitad materia y mitad lenguaje nos impele a los radialistas a buscar cada día formulas mas originales y creativas que permitan extraer del ser humano su único rasgo distintivo con los animales. Cuando uno lee que hoy un joven latinoamericana usa menos de 300 palabras para comunicarse de un idioma de mas de 30 mil vocablos, nos vemos ante una encrucijada enorme que pone incluso en entredicho el futuro de los medios. Para quienes vamos a hablar?, cuantos nos entenderán?, habrá que traducir a 140 caracteres?, no terminaremos siendo notablemente aburridos?, vamos camino a un empobrecimiento humano de características apocalípticas? O es que los seres humanos nos volveremos al Topus Uranus de Platón con una notable carencia en el uso del lenguaje para enternecer o enternecernos?. Hoy un mensaje romántico es “TQM” (te quiero mucho.. que puede ser también “te quiero muerto”!), los debates políticos no pasan de ser atractivos en función de los insultos que se enrostran. Este empobrecimiento del lenguaje ha pasado mas allá de la política y ante los tiempos de grandes cambios como los que vivimos en la actualidad es imperiosa que la radio y que los programas de debate rescaten el verbo escondido, exiliado o excluido pero tan urgente no solo para evitar que la violencia sea la manera de resolver conflictos sino el modo en que nos realizamos en el otro y con el otro.
SABERNOS PARTE DE LA PALABRA GLOBAL
La radio tiene en ese sentido un urgente rol catalizador y de redescubrimiento del poder de la palabra que nutre, eleva y proyecta. Los programas tienen la obligación de ser originales porque no hay nada peor en los tiempos actuales que ser aburrido como afirman los jóvenes que viven tan distraídos como millones en la fantasía o fetiche tecnológico que hace lucir a la radio más vieja que lo que es. El rescate de ella tiene que hacerse desde su única fuerza distintiva y original: la palabra. Sin verbo no hay creación como lo dicen los libros sagrados así como tampoco entenderemos la vida en libertad o en democracia sin que esa palabra liberadora, creadora, multiplicadora y motivadora no sea la piedra sobre la cual los escultores radiales tengan que cincelar formas nuevas y atractivas de programas.
La experiencia de “Contrapoder” en Radio Libre nos confirma que aquellos que afirman que el ruido ha sustituido a la conversación atinada o que los epítetos o los golpes bajos radiales constituyen lo que en la televisión son los crímenes y las miserias humanas, las únicas formas de sostener un rating, les puedo decir que están equivocados. Cuando hicimos esta radio fue para contestar todo eso y los agoreros nos dijeron que no duraríamos en el mercado ni tres mes. El 21 de septiembre de 2012 cumplimos 15 años con salud y fortaleza lo que nos demuestra que es posible soñar, hacer y proyectar creatividad con el verbo o la palabra que construye y disipa dudas.
Los programa de debate nos han servido además de todo lo apuntado mas arriba para reconciliarnos con el valor del genero humano capaz de generar incluso en las personas con pobre educación formal, visiones extraordinariamente creativas como aquel oyente que explicó como se podía ganar mil dólares mensuales con una propiedad de 3 hectáreas cuando los campesinos reclamaban que solo con 10 podrían ser prósperos y felices o como aquel inventor que montó una antena sobre una planta de tacuara para escucharnos diariamente a 200 kilómetros de nuestra planta transmisora y que luego vino al programa a compartir su creación de un foco que en automóviles o motos permite iluminar los laterales y con eso disminuir los accidentes carreteros. Y como ellos cientos que hoy encuentran en la radio su familia y que cuando ocurre algo con alguno de sus miembros reaccionan de una manera masiva y generosa como nunca antes habían visto.
Las radios de AM no morirán nunca mientras tengan conductores, programadores, operadores y productores inteligentes que sean capaces de contarnos la historia cotidiana de los seres humanos y que sean capaces de escuchar, conducir el debate y sonsacar conclusiones que sirvan para entender este gran momento de cambio del que somos no solo espectadores sino también protagonistas. Internet es un nuevo recursos que se suma y así como la televisión no acabó con la radio (como podría hacerlo?) tampoco las nuevas tecnologías terminaran con ella. Mientras el verbo siga vivo habrá un espacio para intercambiar ideas, enriquecernos mutuamente y ampliar nuestro horizonte y nuestro mundo.
Ludwing Wittgenstein lo decía muy bien: “el límite de tu mundo es el límite de tu lenguaje”, somos en el mundo en relación proporcional a lo que decimos, como decimos y para quienes decimos. Nos entendemos y entendemos en proporción directa a la capacidad de expresarnos y en eso claramente los medios de comunicación y, en especial la radio permiten cada día con sus emisiones en programas de debate entender la profundidad y la situación del hombre corriente ante temas que generalmente lo dejan perplejos sin capacidad de reacción. “ De la salud del cuerpo habla la lengua” es una aserto común que cuando iba a un médico-clínico nunca logré entender hasta que me convertí en radialista y conductor de programas de debate el sentido del mismo. Si queremos saber como andamos en órganos interiores (riñón, hígado etc.) un medico nos pide sacar la lengua, hoy si escucháramos un programa de radio sabríamos con exactitud que duele a la sociedad pero por sobre todo donde y cómo.
La radio hoy nos desafía desde la palabra: su razón de ser y desde las ideas: su real justificación de ahí que parafraseando el filosofo austriaco citado mas arriba podría decir: que el limite de tu mundo.. es tu radio.-
Benjamín Fernández Bogado
http://www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

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Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
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