EL PARAGUAY COMO UN FIN

EN BUSCA DE VERDADEROS ESTADISTAS

Cada vez que nos toca hablar de nuestro país lo referenciamos hacia atrás, buscamos en la historia una justificación, intentamos explicar nuestro presente en función de lo que nos pasó en alguna guerra fratricida, donde decimos que se nos robó el orgullo, la autoestima y la convicción. En realidad, estas cosas tienen algo que ver con lo que nos pasó, pero más con la complacencia que tenemos hacia quiénes nos gobiernan y, fundamentalmente, cómo nos gobiernan.

Nuestra tolerancia es directamente proporcional a los beneficios que nos deja alguien desde el poder para sobrevivir con lo poco que nos damos cuando en realidad estamos sentados sobre un gran tesoro. Un país rico con gente pobre. Un país potencialmente desarrollado con una clase dirigente mediocre, a la que le pedimos lo que no puede dar: responsabilidad, compromiso y dignidad. El error está probablemente más en nosotros que en ellos, que solo reflejan lo que somos.

Aquello de que cada país tiene el gobierno que merece, no es cierto. El Paraguay tiene el gobierno que se le parece y si no logramos alterar esta definición no podremos reconciliarnos con lo que queremos ser.

El país no es un fin, un espacio de realización, un territorio de oportunidades. Es solo una casualidad, un instante o acaso: un baldío donde nos toca vivir. El que intenta domeñar su entorno, debe enfrentarse a la parasitaria burocracia que lo hará sentir miserable castigando a su paso la osadía de pretender hacer una cosa distinta al comportamiento habitual.

El pionero será perseguido con saña por ladrones y policías. El que levanta una unidad productiva tendrá miles de inconvenientes porque en el Paraguay bien se dice: “Omba’apova mantei problema” (sólo el que trabaja tiene líos). Mientras no tengamos líderes que le hablen al corazón de este pueblo, no habremos modificado las condiciones de vida de millones de desahuciados que esperan solo un milagro o cavan innumerables pozos creyendo encontrar alguna fortuna al final de él.

Es sorprendente cómo a casi 200 años de la Guerra Grande, creemos falsamente que hay “plata entierro” en cualquier parte, producto de una supuesta sociedad rica que escondió sus tesoros para evitar que los invasores se alzaran con ellos. Es pura ilusión, como los mitos en los que hemos depositado nuestra esperanza o justificado nuestro fracaso. El gran mito paraguayo de habernos convencido de que no podemos, de que no sabemos y que siempre seremos así, hay que derrotarlo, y construir entre todos un destino racional para este país lleno de energía desperdiciada, malgastada o ignorada. Hay tesoros sobre la superficie como las hidroeléctricas, el cemento, mármol, titanio y uranio dicen algunos… incluso oro, pero el más grande e importante vive entre nosotros y se ha convertido en un gran problema nacional: la juventud, que derrocha energías en las barras bravas, en las bandas de asaltantes, en los miles de inmigrantes. Este país joven desperdiciado nos duele a todos y con razón. Para ellos, no hay más que mercaderías que ofrecer, pero ningún futuro cierto que acometer.

El fin del Paraguay tiene que ser un propósito movilizador, que encuentre a gobernantes y gobernados en una misma dirección. Que nos muestre un sendero que conquistar, que nos digan, estadistas como Obama esta semana, que se liberarán del petróleo a corto plazo y que en 30 años el 80% de los vehículos será movido a energía limpia. Paraguay lo puede hacer en más corto tiempo, pero para eso hacen falta estadistas, un pueblo decidido y un propósito como país. Eso nomás, parece poco… pero ese es el combustible que mueve a las naciones hacia el futuro.

http://www.ultimahora.com/notas/399214-El-Paraguay-como-un-fin

Anuncios

Acerca de Redaccion central

Escritor, abogado, profesor y periodista
Esta entrada fue publicada en Crónicas, local y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a EL PARAGUAY COMO UN FIN

  1. earmoa dijo:

    Buen dia Sr. Benjamin Fernandez Bogado gusto inmenso en saludarlo, antes permitame felicitarlo por su labor, por el cual estoy muy orgulloso que paraguayos como Ud. tenga la formacion y cultura que ha alcado, leo siempre que puedo su columna de ultima hora, ahora tengo la hermosa oportunidad de tener acceso a internet, dada mis condiciones anteriores no tuve mucho acceso a informaciones, texto y menos la posibilidad de comprar un libro y disfrutar de una lectura instructiva o de educacion cuando era adolecente por mi condicion economica, ni la oportunidad de acceder a intituciones educativas de nivel superior, hoy dia tengo un mejor empleo lo cual me pertime acceder a un mejor nivel de vida,educación, en consecuecia una pluralidad de idea, por ahora disfruto de la lectura, gracias a su aporte con sus comentarios y opiniones he podido formarme intelectualmente, accedi a una educacion superior superando las barreras de la mediocridad que tanto mal acarea a esta sociedad, y mi testimonio es que no hay limitaciones si existe VOLUNTAD. No hay que esperar de brasos crusado que te lleguen las oportunidades, existen recursos para formarse, uno puede trabajar y ahorar. trabajaba duro un año para que el siguiente pueda comprarse unos libros. Ahora tengo una hija hermosa y compruebo la teoria de un filosofo griego, Educar a los niños y no sera necesario cartigar a los hombre. Por ultimo lo aliento que siga su senda que necesitamos muchos paraguayos como ud. con buena formacion, con cultura y por sobre todas las cosas eticos, para que los futuros politicos con educacion mejore la calidad de vida de todos los paraguayos

  2. Fabio Candia dijo:

    Buenos días, Sr. Benjamín.. el domingo estuve leyendo su escrito en el diario dominical y permitame decirle que siempre me ha gustado su estilo, sus opiniones críticas que deben ser tomadas en cuenta por todos, para forjar una nueva Patria.
    Me pareció muy interesante el título, porque realmente necesitamos de Estadistas, que sepan dirigir los rumbos de la Patria y no que sepan dirigir al pueblo para decidir los caminos electorales. Es muy triste esto. Apena al paraguayo tener que decir esto. Y más para mí, como joven, con 19 años, con esperanzas de penetrar en la política paraguaya que es conocida como la política campesina, la política criolla. Yo muchas veces sostengo que debe erradicarse la mala praxis política que ejecutan nuestros políticos actuales.
    Y muchas veces culpamos al ordenamiento jurídico del país; culpamos a la cultura paraguaya… culpamos al pueblo… que somos nosotros mismos.. En verdad la culpa puede estar en cada uno de estos factores. Pero igualmente coincido con Ud., en nosotros muchas veces se encuentran los brazos que ayudarán a levantar nuestro país, en la JUVENTUD.. Me impacta la forma en cómo ha descrito la actividad juvenil.. Esto fue lo que me motivo a escribirle, y comentarle que estamos para ello.. La preparación personal que podamos tener, el desarrollo social y comunitario que podamos realizar, las actividades políticas, la actitud crítica en contra de lo que nos parece que va en contra de la ética, la moral y las leyes; serán factores esenciales para la determinación del progreso nacional… Más si le agregamos la solidaridad hacia el compatriota, el patriotismo y la tradición acompañada de los nuevos tiempos, de la nueva era; nos ofrecerán otras formas de pensar, de encarar los problemas difíciles que vendrán; y así legar una rica historia, una rica patria no sólo económica, sino sociocultural y económica.
    Desde Coronel Oviedo, República del Paraguay, mis gratos saludos y espero seguir en contacto!
    Fraterno abrazo
    Fabio Candia

    • gracias Fabio.. he leido su comentario esta mañana en Radio Libre y tambien por una radio cuyas emisiones llegan hasta Coronel Oviedo: la 104.3 que retransmite mi programa llamado “contrapoder”.. comparto sus puntos de vista..
      saludos..
      BFB

      • Fabio Candia dijo:

        En serio? Honor que me hace Sr. Benjamín.. Me entero de la retransmisión. Estaré buscando! Muchas gracias y estamos en contacto.
        Saludos

  3. Gabriel Ramírez dijo:

    Me encantó esta entrada en su blog Sr. Benjamín, en realidad, yo soy un gran seguidor suyo por compartir los mismos ideales de que el gran problema del paraguayo es el paraguayo, pasa por la educación, pero en general, es su mentalidad. Eso ya me lo había inculcado mi madre en su momento, y hasta el día de hoy estoy agradecido por eso, ya que, teniendo yo una educación universitaria en una carrera técnica pesada en una de las dos universidades más respetadas del país, tengo compañeros que tienen la misma mentalidad y hasta inclusive que prefieren seguir la línea actual de “pan y circo para el pueblo”, con poca educación, y mantenerse ellos “en la élite”, cuando son incapaces de ver que, si bien ellos se mantienen arriba, sólo lo hacen porque cada vez nivelan más abajo sus puntos de referencia, cuando en realidad para lograr la superación, deberían invitar a los demás a superarse, a fin de encontrarse con rivales intelectuales superiores a quienes alcanzar y superar, para que ellos mismos lleguen más arriba.

    Todo eso fue sólo para demostrar un punto, no es el nivel de educación lo que define si uno está “educado”, como usted propone, sino, el nivel de mentalidad de uno. Cómo me gustaría que se pusiera como materia de primaria, “literatura”, y que ella se trate de leer todos los días, al menos una hora, un libro, para acostumbrar a los chicos a este sano entretenimiento. La novela que sugeriría a los profesores de séptimo grado sería “1984” de George Orwell, ya que a esa edad, entre 12 y 13 años, si en realidad estuvieron leyendo desde chicos, serían ya capaces de pensar más allá y ver la distopía que hay en ese libro convirtiéndose cada día más en realidad, y cómo deben alejarse de esta realidad para irnos por el camino de la utopía.

    Muchas gracias por su tiempo.

    Gabriel.

  4. Leonardo Boff dijo:

    El poder no se define, se ejerce. Con una visión realista podemos distinguir tres formas de ejercicio del poder.

    1. El poder del puño. Es el poder autoritario, concentrado en una sola mano, cerrada, y por eso mismo, no participativo y excluyente. Pone bajo censura las opiniones divergentes, castiga las contestaciones, desconfía de los ciudadanos, gobierna infundiendo miedo. La única relación que admite es la adhesión acrítica y el servilismo. Los regímenes dictatoriales y los empresarios-coroneles corporifican el poder del puño.

    2. El poder de manos abiertas. Es el poder paternalista. Quien posee el poder lo delega a otros con la condición de mantener el control y la hegemonía. La mano abierta es para dar palmaditas en la espalda facilitando así la adhesión. Las organizaciones populares y los sindicatos son hasta incentivados con tal que no tengan proyecto propio y acepten engancharse al proyecto de los grupos dominantes o del estado centralizador. Es el poder que ha predominado en Brasil a lo largo de nuestra historia política.

    3. El poder de manos entrelazadas. Es el poder participativo y solidario, representado por las manos que se entrelazan para reforzarse entre sí y asumir juntas la corresponsabilidad social. El proyecto, su implementación y sus resultados son asumidos por todos. Las organizaciones son autónomas, pero se relacionan libremente con otras, en red, para alcanzar objetivos comunes. Es un poder que sirve a la sociedad en lugar de servirse de la sociedad para otros fines. Es el poder pretendido por la democracia. Solamente este poder posee tenor ético, y sólo a él puede llamársele autoridad. El poder se usa para potenciar el poder de todos. Es el poder-servicio, instrumento de las transformaciones necesarias.

    Para imponer límites al demonio que habita el poder (que siempre quiere más poder) se hacen imprescindibles algunas medidas sanadoras. Destaco las principales.

    Todo poder debe estar sujeto a un control, normalmente regido por el ordenamiento jurídico, con vistas al bien común. Debe venir por delegación, es decir, debe pasar por procedimientos de elección de los dirigentes que representan a la sociedad. Debe haber división de poderes, para que uno limite al otro. Debe haber rotación en los puestos de poder para evitar el nepotismo y el mandarinismo. El poder debe aceptar la crítica externa, someterse a un rendimiento de cuentas y a la evaluación del desempeño de quienes lo ejercen. El poder vigente debe reconocer y convivir con un contrapoder que le obliga a ser transparente o a verse sustituido por él. El poder tiene sus símbolos, pero deben evitarse títulos que oculten su carácter de delegación y de servicio. El poder debe ser magnánimo, por eso no hay que ensañarse sobre quien fue derrotado, sino valorar cada señal positiva de poder emergente. El poder verdadero es el que refuerza el poder de la sociedad y así propicia la participación de todos. Los portadores de poder nunca deben olvidar el carácter simbólico de su cargo. Los ciudadanos depositan en él sus ideales de justicia, equidad e integridad ética. Por eso deben vivir privada y públicamente los valores que representan para todos. Cuando no existe esa coherencia, la sociedad se siente traicionada y engañada.

    Quien ambiciona excesivamente el poder es el menos indicado para ejercerlo. Bien decía san Gregorio Magno, papa y alcalde de Roma: «Usa sabiamente el poder quien sabe gestionarlo y al mismo tiempo sabe resistírsele».

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s